EL PERSONAJE PROTAGONISTA

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Lo que hace que los lectores se aferren a un libro, que no lo puedan dejar, que disfruten con él y que perdure en su memoria después de haberlo terminado, por encima de la historia que nos cuenta, son los personajes protagonistas.

Todos recordamos a los protagonistas de los libros que nos han marcado durante nuestra vida: Ignatius Reilly, Heathcliff, Aureliano Buendía, Don Quijote, Jane Eyre… Estos personajes fueron los que nos llevaron por los caminos que el escritor quiso para contarnos su historia. Imaginemos estas novelas con otros protagonistas distintos: la novela no sería la misma. La importancia de los personajes de nuestra novela es crucial.

Lo que el escritor debe lograr es que el lector conozca al protagonista, sepa de dónde viene, qué piensa, qué principios morales tiene y, sobre todo, qué desea. Para que el lector conozca a nuestro protagonista tenemos que, más que describirlo, mostrar lo que hace, eso logrará que el lector se haga una idea más exacta de quién es y qué se puede esperar de él. Pero debemos huir del personaje plano, arquetípico: el médico bueno, la madrastra malvada, el jefe egoísta… en la vida real todos tenemos varias facetas, somos poliédricos, eso es lo que hay que lograr con los personajes: que tengan tres dimensiones. Si logramos que los personajes parezcan personas reales sobre el papel eso hará que los lectores se enamoren de la historia.

Pero ahora viene lo complicado. Nuestro protagonista tiene que encontrar obstáculos para poder lograr su objetivo, y en cada problema que se le plantee tiene que tomar decisiones, algunas de las cuales sorprenderán al lector porque el protagonista, como todos nosotros, va evolucionando, va cambiando su forma de pensar y de actuar conforme la trama va avanzando. En toda historia debe haber escollos que el protagonista debe sortear para lograr su objetivo, pero a su vez, estos han de hacer que sus principios se vayan modificando, que el personaje vaya evolucionando e, incluso, cambie de deseo. Estos cambios son los que logran que una historia atrape al lector o no.

Resumiendo: Nuestro protagonista ha de ser como una persona real, debe tener sustancia, ser auténtico y profundo, tan real que hasta proyecte sombras. Pero sin olvidar que, lo que logra que el lector se aferre a un libro, es saber que el protagonista desea algo y queremos ver si lo consigue.

lectorcero.com

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